En un futuro cercano, diversas empresas pretenden que cada hogar disponga de un robot humanoide, aunque su revolucionario potencial aún genera dudas. En este contexto, China lidera la carrera tecnológica, registrando 7,705 patentes en los últimos cinco años, contrastando notoriamente con las 1,561 patentes de Estados Unidos, su rival tecnológico. Esta superioridad patentaria de China está acompañada por ventajas en eficiencia de producción, lo que coloca al resto del mundo en una situación de dependencia si buscan evitar un aumento drástico en los costos de producción. El informe de Morgan Stanley sugiere que fabricar un Tesla Optimus Gen 2 sin partes de China elevaría su costo de 46,000 a 131,000 dólares.
Más allá de las patentes, China ha mostrado un interés creciente en los robots humanoides, participando activamente en eventos como olimpiadas robóticas y competencias de fútbol y kickboxing entre robots, en un esfuerzo por hacer que estos se perciban como elementos deseables y «cool». Sin embargo, el enfoque de China hacia la IA va más allá de los humanoides, apuntando hacia una «inteligencia artificial personificada» (embodied AI), que incluye drones, vehículos autónomos y robots industriales, con el país poseyendo el 51% de todos los robots industriales del mundo.
China instala 280,000 robots anualmente en sus fábricas, con el fin de automatizar procesos y mantener su liderazgo como principal centro de manufactura global. La automatización surge como solución frente al aumento de salarios, permitiendo a China competir eficazmente con mercados de mano de obra más barata, como India o Bangladesh. Este enfoque hacia la robotización refleja el compromiso de China con la innovación y la eficiencia, perfilándose como una poderosa estrategia para asegurar su dominio en la producción mundial y en el desarrollo de tecnologías de vanguardia.
