la ciencia ya sabe lo que le ocurre a tu cerebro

La creencia popular sobre el alcohol como un «borrador de recuerdos» es desmentida por las investigaciones actuales, que muestran que, en realidad, el alcohol impide la formación de nuevos recuerdos más que borrar los existentes. Este fenómeno, conocido como «blackout» o amnesia anterógrada, se produce cuando el cerebro deja de transferir información de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo. Tal efecto se atribuye a una interferencia química que afecta los receptores NMDA y GABA en el cerebro, especialmente en el hipocampo, crucial para el almacenamiento de recuerdos a largo plazo. Por ende, tras una noche de excesos, no existen recuerdos que recuperar al día siguiente porque nunca se grabaron.

Además de los blackouts temporales, el consumo crónico de alcohol muestra efectos a largo plazo como la atrofia hipocampal. Dicha condición, evidenciada en estudios de neuroimagen, indica una pérdida de volumen cerebral, reemplazado por líquido cefalorraquídeo, lo cual no solo es perjudicial para la formación de recuerdos sino que también para el aprendizaje y la capacidad de tomar decisiones consecuentes.

Los jóvenes, cuyos cerebros están en pleno desarrollo y son notablemente plásticos, resultan ser más susceptibles a los efectos nocivos del alcohol. Consumos que sobrepasan las 14 unidades a la semana pueden ocasionar cambios persistentes en la estructura cerebral de este grupo demográfico, afectando negativamente su rendimiento cognitivo a futuro.

Finalmente, aunque los blackouts y otros efectos del alcohol no conducen al olvido de la identidad propia, sí representan un claro indicador de riesgo tanto por el daño estructural cerebral como por la propensión a comportamientos riesgosos derivados de la incapacidad de formar nuevos recuerdos. Esto resalta la importancia de entender los serios impactos del alcohol en la salud cerebral a corto y largo plazo.