Llevamos años buscando nuevas armas contra las superbacterias. Hemos diseñado una a 400 km de altura

La resistencia a los antibióticos es uno de los problemas más críticos que enfrenta la humanidad, lo que impulsa la búsqueda constante de nuevos tratamientos y la concienciación sobre un uso responsable de los fármacos. En un esfuerzo por encontrar soluciones, los científicos han dirigido su atención hacia el espacio, donde las condiciones de microgravedad ofrecen un entorno único para la investigación. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS) ha revelado cómo la microgravedad acelera la evolución de virus que infectan bacterias, dando lugar a mutaciones genéticas que, en la Tierra, serían altamente improbables.

Este estudio se centró en el fago T7, un virus que ataca a bacterias específicas. Al carecer de gravedad, la dinámica de interacción entre virus y bacterias cambia significativamente, pues la ausencia de gravedad afecta la forma en que estos organismos se encuentran y se unen en un ambiente líquido. Después de 23 días de cultivo en condiciones de microgravedad, se observó que las infecciones eran exitosas, y el virus había desarrollado mutaciones que optimizaban sus mecanismos de ataque, adaptándose a un entorno donde las bacterias se replican a un ritmo más lento.

Lo más sorprendente de este descubrimiento es la eficacia de los virus mutados cuando se enfrentan a cepas resistentes de E. coli en la Tierra. Los resultados indican que la microgravedad permite explorar caminos evolutivos alternativos para los fagos, potencialmente desbloqueando soluciones genéticas para combatir superbacterias resistentes a los tratamientos actuales.

Este avance sustenta la hipótesis de que el espacio no es solo un sitio para la observación, sino también un laboratorio excepcional para la biotecnología. Utilizando estaciones espaciales como incubadoras para la evolución de bacteriófagos, se podría desarrollar una biblioteca de virus terapéuticos capaces de combatir las superbacterias. Este enfoque no se basa en la ingeniería genética artificial, sino en la utilización de la evolución dirigida bajo condiciones únicas de microgravedad, proporcionando nuevas perspectivas en la lucha contra la resistencia a los antibióticos.