Probando la primera bombilla en 1879, Edison se topó con un material que se descubriría 125 años después: el prodigioso grafeno

Thomas Edison, reconocido por su papel fundamental en el desarrollo de la bombilla eléctrica, también jugó un papel inadvertido en la historia del grafeno, un material que no sería teorizado hasta mucho después de su muerte. Experimentando con más de 6,000 materiales orgánicos, Edison finalmente eligió un filamento de bambú carbonizado para su bombilla, patentando su invención bajo el número 223.898. Este acto, desconocido para él en ese momento, creó condiciones precursoras para la producción de grafeno, un material que ahora conocemos como un alótropo bidimensional del carbono con extraordinarias propiedades físicas, incluyendo una resistencia excepcional y una capacidad superior de conducción de electricidad y calor.

Años después, el descubrimiento del grafeno por Konstantin Novoselov y Andre Geim, quienes aislarían el material usando cinta adhesiva y ganarían el Premio Nobel de Física en 2010, revalorizaría la experimentación de Edison bajo una luz completamente nueva. Investigaciones recientes de la Universidad Rice han sugerido que Edison, en su búsqueda por perfeccionar la bombilla eléctrica, pudo haber creado grafeno turbostrático mediante el calentamiento Joule instantáneo, un proceso que hoy se considera un método eficiente para sintetizar grafeno de alta calidad.

El grafeno, dadas sus propiedades únicas, ha encontrado aplicaciones en múltiples disciplinas, desde semiconductores y mejoras en infraestructura vial hasta tejidos robóticos sensibles al tacto. Las implicaciones de este hallazgo son vastas, no solo revelando que la tecnología del siglo XIX tenía el potencial inadvertido para producir materiales avanzados como el grafeno, sino también abriendo la posibilidad de que otros experimentos históricos podrían haber generado nanomateriales aun no reconocidos. Este descubrimiento invita a revisitar experimentos antiguos bajo nuevas perspectivas científicas, considerando la posibilidad de que la ciencia y tecnología de épocas pasadas puedan tener más que enseñarnos sobre los materiales del futuro.