por qué cada vez más estudiantes de la generación Z prefieren los oficios a los títulos universitarios

Durante las últimas décadas, China ha enfocado su estrategia de desarrollo en la educación, especialmente en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), formando millones de ingenieros. Este esfuerzo coloca al país como líder mundial en el número de graduados en estas áreas, con una creciente inclinación hacia los doctorados. Asimismo, ha comenzado a valorar la formación profesional (FP) para adaptarse a las dinámicas cambiantes del mercado laboral y las necesidades de la industria, marcando un giro en la percepción y el valor asignado a este tipo de educación.

El incremento histórico en el número de graduados universitarios, proyectando 12,22 millones para 2025, ha intensificado la competencia laboral, situación agravada por las restricciones en visas por parte de países como Estados Unidos. Para combatir el desempleo en jóvenes, China está implementando medidas de apoyo a través de eventos de reclutamiento en sectores e industrias específicas. Paralelamente, la demanda laboral muestra una preferencia creciente por profesionales con formación técnica o vocacional, evidenciando un cambio en las tendencias de empleabilidad.

La respuesta del gobierno a este cambio ha sido asignar a la FP un estatus prioritario dentro de su estrategia educativa a largo plazo (2024 – 2035), fomentando la igualdad de importancia entre la formación profesional y la académica para asegurar la autosuficiencia tecnológica del país. Este movimiento también implica un cambio en la percepción cultural sobre la FP, dejando atrás la estigmatización y reconociendo su valor práctico y su contribución al mercado laboral.

En ciudades como Wuhan, el enfoque en la FP ha demostrado ser efectivo, con tasas de éxito en el acceso al mercado laboral superiores al 98% para ciertas instituciones. La colaboración entre centros de FP y empresas locales para diseñar currículos que respondan a las necesidades reales de la industria está potenciando el valor de estos programas, propiciando una adaptación más rápida de los graduados al entorno laboral y destacando su competencia y practicidad frente a la formación académica tradicional. Este enfoque está reposicionando a la FP como una elección atractiva y pragmática para la nueva generación, indicando un cambio sustancial en la orientación educativa y laboral del país.