Durante mucho tiempo, Occidente cayó en el engaño de creer que la manufactura había perdido relevancia frente al auge del software, ignorando la importancia de sostener la capacidad industrial propia. Esta visión se ha visto drásticamente cuestionada por China, subrayando la crítica dependencia de Occidente en la fabricación exterior, especialmente en ámbitos claves como la energía renovable y el desarrollo de infraestructuras. Un claro ejemplo de este conflicto de visiones se manifestó en Asturias, España, donde el Puerto de Gijón, específicamente en El Musel, se ha convertido en un punto estratégico significativo para la energía eólica marina gracias a una alianza entre el grupo asturiano Zima y el gigante chino Dajin Offshore. Juntos, planean establecer una planta de cimentaciones para esta industria, marcando un paso importante en la transición energética europea.
La alianza se enfrenta a desafíos considerables, como la necesidad de un espacio significativo para la fabricación y almacenamiento de monopiles de dimensiones extraordinarias, una tarea que pone de manifiesto las limitaciones físicas y logísticas de la localización actual. Este proyecto no solo refuerza el papel estratégico de Asturias en el ámbito de la energía renovable sino que también destaca la dependencia tecnológica y de fabricación de Occidente frente a China, que lidera la construcción del 74% de la infraestructura de energía renovable global.
El desarrollo del proyecto de Dajin en Gijón señala una oportunidad para integrar proveedores locales y revitalizar la industria europea de energía renovable, en un momento en que fabricantes como Siemens Gamesa o Vestas enfrentan crisis de rentabilidad. Sin embargo, más allá de los beneficios económicos y de infraestructura, surge una advertencia sobre la pérdida de independencia que representa la externalización de capacidades fundamentales de fabricación. La situación en El Musel es, por tanto, una representación microcósmica de un desafío más amplio: la necesidad de equilibrar la innovación tecnológica, la cooperación internacional, y la soberanía industrial.
