hoy sigue dominando Sri Lanka

En un mundo donde la modernidad parece absorber cada aspecto de nuestra vida, existen aún vestigios de antiguas civilizaciones que nos recuerdan la perenne ambición humana por trascender el propio tiempo. Anuradhapura, ciudad al norte central de Sri Lanka, se presenta como un lienzo viviente de esta herencia, albergando Jetavanaramaya, una monumental estupa budista. Construida aproximadamente en el año 301 e.c., la Jetavanaramaya es un icónico testimonio de las capacidades constructivas y espirituales de la sociedad antigua. Compuesta por unos inimaginables 93.3 millones de ladrillos de barro cocido, alcanzó originalmente unos 122 metros de altura, siendo en su tiempo la tercera estructura humana más grande, solo superada por las pirámides de Guiza.

A pesar de las adversidades a lo largo de los siglos, incluyendo derrumbes y etapas de abandono que la redujeron a unos 71 metros de altura, continúa siendo la mayor estructura de ladrillo conocida. Esta estupa no solo destaca por su magnitud arquitectónica, sino también por su significado espiritual y cultural profundo, al ser parte de Jetavana Vihara, un complejo monástico que servía como núcleo de la vida espiritual y religiosa de la región.

La logística y el esfuerzo humano necesarios para su construcción resaltan la sofisticación de la sociedad que la erigió, desafiando comparaciones con logros constructivos contemporáneos. Aun así, Jetavanaramaya representa más que una mera proeza técnica; su interior albergaba cofres relicarios y paneles de oro con representaciones de bodhisattvas, reflejando una rica amalgama de corrientes doctrinales. Estos hallazgos sugieren la conexión de Anuradhapura con extensas redes culturales y comerciales de su tiempo.

La persistencia de Jetavanaramaya a lo largo de más de 1.700 años evidencia no solo la habilidad constructora de las gentes del pasado, sino también una visión trascendental que aspiraba a conectar el reino terrenal con el espiritual. Su existencia nos recuerda la capacidad de la humanidad para realizar proyectos colectivos de inmensa escala e impacto duradero, un legado que resuena en el presente al observar la estupa dominar el paisaje de Anuradhapura.