En 2018, mientras el despliegue comercial del 5G apenas comenzaba, China ya proyectaba hacia el futuro con el 6G, una tecnología que consideraba estratégicamente vital. Con el 6G, China no solo busca avanzar en la velocidad y eficiencia en la transmisión de datos, sino también consolidar su independencia tecnológica y liderazgo global. El país ha incluido el desarrollo del 6G en su Plan Quinquenal, enfocado no solo en la autosuficiencia en semiconductores sino también en el avance de tecnologías digitales. China ha realizado importantes avances, como el lanzamiento del supuesto primer satélite 6G del mundo en 2020 y experimentos que alcanzaron velocidades de transmisión de datos extremadamente altas.
Más allá del propósito obvio de mejorar la conectividad, el 6G busca transformar radicalmente el panorama tecnológico. Promete velocidades superiores a los 100 Gbps y latencia inferior a un milisegundo, lo que abriría el camino a nuevas aplicaciones de inteligencia artificial, robótica y sistemas de sensores avanzados. El gobierno chino ve en el 6G la clave para el desarrollo de tecnologías emergentes como la IA encarnada en robótica, apuntando a una realidad donde los robots, controlados por inteligencias artificiales centrales, jueguen roles clave en la industria y más allá.
China no está sola en la carrera por el 6G, con países como Corea del Sur, Japón, Estados Unidos y la Unión Europea también invirtiendo en esta próxima generación de tecnología de comunicaciones. Sin embargo, la proactividad de China en el desarrollo y patentamiento del 6G indica su determinación para liderar en esta nueva frontera tecnológica. A pesar de los importantes avances y las ambiciones futuristas entrelazadas con el 6G, la implementación y adopción masiva de esta tecnología aún se vislumbra lejana, especialmente en regiones como Europa, donde el despliegue del 5G aún está en sus etapas iniciales.
