Cuando el cepillo eléctrico de una persona dejó de funcionar tras un par de incidentes menores, decidió comprar uno nuevo y descubrió que el mercado de estos dispositivos había evolucionado drásticamente hacia la gama alta, con precios sorprendentemente elevados. Habiendo adquirido su anterior cepillo Oral-B Vitality en 2020 por 17,99 euros y quedando satisfecha con su rendimiento, buscó un reemplazo justo cuando terminaban las ofertas de primavera en Amazon. Lo que encontró la sorprendió: los precios de los nuevos modelos de Oral-B eran exorbitantes, con el Oral-B iO 10 liderando la oferta a 309 euros, seguido de otros modelos costosos, algunos cercanos a los 300 euros y otros por encima de los 100 euros.
Estos modelos premium ofrecían características avanzadas como pantalla a color, base magnética, estuche de viaje con cargador, múltiples modos de limpieza e incluso inteligencia artificial (IA). Sin embargo, la persona decidió no gastar cifras tan elevadas en un cepillo de dientes. Al explorar el mercado, se encontró con una gran variedad de modelos, lo que complicó la decisión debido a las sutiles diferencias entre ellos.
Este fenómeno de «premiumización» de productos cotidianos se observa en varios sectores, desde panaderías gourmet hasta papelerías de lujo, donde productos tradicionalmente económicos adoptan una imagen de lujo para justificar precios más altos. Lo mismo ha ocurrido en el mercado de los cepillos de dientes eléctricos, donde se añaden funcionalidades tecnológicas y diseños de materiales premium.
Finalmente, la persona optó por el Oral-B iO 2, puesto que ofrecía un buen equilibrio entre funciones útiles y un precio razonable de unos 50 euros. Pero, tras reflexionar, terminó seleccionando el Oral-B Vitality Pro, la evolución del modelo que ya poseía, pagando 22 euros con la esperanza de que le dure otros seis años, manteniendo así una perspectiva práctica frente a la creciente tendencia de productos de uso diario convertidos en artículos de lujo.
