Así que un MacBook con el chip de un iPhone puede tene macOS. Pero un iPad con un chip M4, no

El MacBook Neo aparece como una opción accesible y atractiva en el mercado, con un precio de 699 euros. Este dispositivo ofrece un buen panel, un prometedor sistema de altavoces y un diseño cautivador, convirtiéndose en una de las mejores opciones para usuarios que buscan una experiencia de ofimática básica. Lo notable de este lanzamiento es el reconocimiento implícito de Apple sobre el moderado requerimiento de hardware para ejecutar macOS, marcando un contrapunto con dispositivos como el iPhone 16 Pro y los iPads con chip M4, que funcionan bajo sistemas operativos pensados para dispositivos móviles pero con capacidades de hardware superiores.

Apple ha optado por dotar al MacBook Neo con el corazón de un móvil, utilizando el procesador A18 Pro, lo suficientemente capaz para manejar las necesidades de su audiencia objetivo. Este enfoque destaca una paradoja dentro de la línea de productos de Apple, donde un MacBook con capacidad para ejecutar aplicaciones de escritorio plenamente funcionales contrasta con iPads más potentes limitados a versiones más básicas y adaptadas de estas aplicaciones.

La discrepancia no solo se centra en el sistema operativo, sino también en la capacidad de las aplicaciones disponibles para cada dispositivo. A pesar de que los iPad han sido presentados como herramientas de productividad potenciadas por chips M, su software no está a la altura de las capacidades de su hardware, limitando sus posibilidades de uso profesional. Esto lleva a la reflexión sobre las categorizaciones de producto de Apple, donde los iPads, a pesar de ser más potentes que muchos ordenadores actuales, quedan restringidos por un sistema operativo que no aprovecha su potencial total, manteniendo a los usuarios esperando una evolución que permita a los dispositivos alcanzar un nivel de productividad más acorde a su hardware.