La escalada en la Tercera Guerra del Golfo y el bloqueo del estrecho de Ormuz han llevado al mercado global del crudo a una situación crítica, con precios del barril de Brent superando los 100 dólares y un pánico logístico afectando gravemente a Asia. Mientras tanto, China, con una planificación meticulosa basada en su estrategia «Made in China 2025» y lecciones aprendidas desde la visita presidencial a un yacimiento petrolífero en 2021, ha desarrollado una resistencia impresionante contra la volatilidad del mercado energético global. La nación ha logrado una transición significativa hacia la energía renovable, generando más de un cuarto de su electricidad a partir de fuentes solares y eólicas, y ha invertido masivamente en tecnologías clave y en su seguridad energética, incluyendo la acumulación de una Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) masiva y la diversificación de sus fuentes de energía.
China ha implementado medidas drásticas para proteger su suministro interno de gas y diésel, ha fomentado el uso de una «flota en la sombra» para continuar importando petróleo evadiendo sanciones internacionales y ha maximizado sus conexiones terrestres con Rusia y Kazajistán. Además, la nación ha apostado fuertemente por el desarrollo de energías renovables, la construcción de infraestructuras para almacenamiento energético y la reforma de sus mercados para gestionar mejor la volatilidad energética. A pesar de su creciente independencia del petróleo y gas extranjero, China aún enfrenta desafíos, como su dependencia del carbón y la necesidad de avanzar en la fabricación de semiconductores y la autonomía en la producción de chips avanzados.
El conflicto en el Golfo no solo ha exacerbado la dependencia occidental del petróleo y el gas natural licuado (GNL), sino que también ha subrayado la ascensión de China como un “electroestado”, marcando el inicio del ocaso de los petroestados tradicionales. La estrategia energética y tecnológica de China, vista anteriormente como excesivamente cautelosa, hoy se revela como un ejemplo de previsión y adaptación al futuro energético global.
