La evolución de las CPUs ha pasado de la lucha por alcanzar mayores velocidades de GHz y el número de núcleos, a la guerra actual por el rendimiento por vatio, con la Inteligencia Artificial (IA) como protagonista. La competencia por lanzar procesadores más eficientes ha dado paso a una nueva batalla en el campo de la IA, donde el ritmo de lanzamientos y mejoras es impresionantemente rápido. Diversas empresas, desde Kimi.ai hasta ByteDance, han lanzado múltiples versiones de modelos de lenguaje generativos en cortos períodos de tiempo, cada uno superando al anterior en rendimiento y eficiencia.
Esta rápida evolución, sin embargo, no ha estado exenta de consecuencias. Aunque ha habido avances significativos, como los logrados por Anthropic con su Opus 4.5 y Claude Code, el efecto ha sido también una cierta fatiga entre los usuarios. La mejora continua de los modelos de IA genera dudas sobre la inversión en suscripciones a largo plazo a servicios de IA, con preferencia por contrataciones más cortas que permitan cambiar a modelos superiores a medida que estos se lancen.
El resultado es un mercado altamente competitivo y en constante cambio, donde las suscripciones cortas se vuelven más atractivas ante la incertidumbre sobre cuál será el «mejor modelo» a futuro. Este entorno también refleja un cambio en cómo los usuarios perciben y valoran los modelos de IA, similar a cómo se puede percibir y valorar un buen vino, con una gran personalización en las preferencias.
Finalmente, esta era de innovación constante en IA está marcada por un optimismo sobre el potencial de estas tecnologías para transformar diversas áreas, incluyendo la programación y la generación de contenido, manteniendo altas las expectativas sobre los futuros avances que puedan realmente marcar una diferencia en la manera en la que interactuamos con la tecnología y entre nosotros.
