El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España propuso recientemente clasificar a la anguila europea como especie «en peligro de extinción», incluyéndola en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Esta medida supondría la prohibición de su pesca y comercialización, afectando también a la angula, fase juvenil de la anguila. Sin embargo, este intento de protección se ha encontrado con una firme oposición, siendo rechazado en un comité, a pesar del consenso científico sobre su situación crítica. Regiones donde la pesca de anguila es significativa han votado en contra de la propuesta, mientras que otras se han abstenido, marcando esto como el tercer fracaso en esfuerzos similares desde el año 2020.
La anguila, pese a ser un producto de alto valor económico pero bajo volumen de mercado, ha visto su población disminuir en más de un 90% desde los años 60, principalmente debido a la pesca, pero también afectada por barreras fluviales, contaminación, y pérdida de hábitats. La situación de la anguila refleja no solo un desafío nacional sino uno a nivel europeo, donde la gobernanza fragmentada y la complejidad de factores detrás del declive de la especie suman a la dificultad de su conservación. La negativa a su protección efectiva y el retorno de discursos anticientíficos que emergen con el conflicto entre conservación y economía, colocan a la anguila europea en un camino hacia su extinción, evidenciando un problema más profundo de incapacidad para proteger valiosos recursos naturales.
Este caso destaca la tensión existente entre la preservación del medio ambiente y los intereses económicos, evidenciando un dilema que enfrenta toda Europa y que refleja nuestra lucha y a menudo impotencia para conciliar la conservación con el desarrollo económico. La situación de la anguila europea se ha convertido así en un símbolo de los desafíos ambientales que requieren de decisiones y acciones conjuntas a nivel continental y global.
