Las empresas tecnológicas estadounidenses han establecido una notable presencia en Europa, dominando mercados desde el consumo diario de servicios en línea hasta infraestructuras críticas de ciberseguridad y computación en la nube. Esta realidad, que representa una normalidad en el día a día de millones de europeos y en la operativa de entidades públicas y privadas, pone en evidencia una preocupante dependencia tecnológica. Frente a la posibilidad, aunque remota, de una suspensión de servicios por parte de los EE.UU. bajo argumentos de «seguridad nacional», Europa se encuentra frente a la urgencia de replantear su autonomía tecnológica. Esta situación ha impulsado a gobiernos y entidades a buscar alternativas locales para mitigar riesgos estratégicos. Francia, por ejemplo, ha liderado iniciativas para sustituir soluciones foráneas por alternativas locales como Visio, un sistema de videoconferencia de código abierto, marcando un inicio hacia la emancipación tecnológica. Sin embargo, este camino hacia la soberanía digital presenta desafíos propios, relacionados con la calidad, el desarrollo y la evolución de las soluciones alternativas. Además de los esfuerzos gubernamentales, hay casos individuales de ciudadanos buscando desligarse de la tecnología estadounidense en favor de opciones europeas, enfrentándose a limitaciones prácticas en el proceso. Esta transición hacia la independencia tecnológica resalta tanto las tensiones actuales en las relaciones transatlánticas como el dilema que enfrenta Europa entre la dependencia de servicios tecnológicos probados pero extranjeros y el impulso hacia el desarrollo de una infraestructura propia más autónoma y segura.
