La emergente fiebre de la Inteligencia Artificial (IA) está reconformando no solo el panorama del software sino también la estructura de poder en la industria de los semiconductores. En este contexto, las unidades de procesamiento gráfico (GPUs) se han convertido en componentes cruciales, sustentando el desarrollo de modelos de IA y la expansión de los centros de datos, situación que ha desencadenado un aumento en la demanda y consolidado la posición de sus productores principales. Ante este escenario, Intel enfrenta el desafío de adaptarse si quiere mantener su relevancia en la próxima década de la computación, lo que implica ir más allá de su tradicional dominio en el ámbito de las unidades de procesamiento central (CPUs).
En un intento por reposicionarse en este cambiante terreno, Intel reveló durante un AI Summit organizado por Cisco, bajo la voz de su CEO Lip-Bu Tan, su incursión en la fabricación de GPUs, marcando un hito significativo para la empresa con la contratación de un «arquitecto jefe de GPU», Eric Demers, antes en Qualcomm. Este movimiento señala una reorientación hacia el desarrollo de productos especializados en IA y la infraestructura de centros de datos, distanciándose del enfoque en gráficas para gaming, a pesar de tener ya productos en este último campo con su serie Arc.
Esta transición de Intel hacia las GPUs para IA se desprende de un reconocimiento de las dinámicas del mercado actual, donde las necesidades de procesamiento de las aplicaciones de IA han puesto en relieve la importancia de dichas unidades. Además, el entusiasmo por esta nueva dirección se refleja en un repunte en el valor bursátil de Intel, aunque aún enfrenta el reto de competir en un mercado donde ha perdido terreno frente a empresas especializadas en la infraestructura para IA.
El CEO de Intel también comentó sobre los desafíos que enfrenta la industria, específicamente en torno a la escasez de chips de memoria, lo que está afectando el ecosistema de IA por el desequilibrio entre oferta y demanda. Este contexto complica aún más la estrategia a seguir, con expectativas de que la situación se prolongue hasta 2028, subrayando la magnitud del desafío que Intel y el sector en su conjunto deben afrontar para adaptarse a las crecientes demandas de la IA.
