En el verano del 102 a. C., el cónsul romano Cayo Mario enfrentó la invasión de las tribus germánicas de los teutones y los ambrones con una estrategia de espera y familiarización, antes de elegir el momento y lugar adecuado para el enfrentamiento, resultando en una victoria romana en Aquae Sextiae. Esta táctica de elegir las batallas en las que luchar, refleja una similitud con la estrategia actual de Apple en el campo de la Inteligencia Artificial (IA) generativa. Pese a la creciente inversión de rivales como Google, Microsoft, y Amazon en IA, Apple ha optado por no competir directamente en el desarrollo de infraestructura y modelos de IA, prefiriendo formar alianzas estratégicas, como el uso de tecnología de IA de Google para su asistente Siri, a través de un acuerdo con Gemini.
Esta «estrategia del parásito» le permite a Apple delegar aspectos en los que no lidera, como la infraestructura en la nube y las búsquedas de internet, a otros actores, mientras se concentra en sus fortalezas. A través de su ecosistema de dispositivos y servicios, Apple se posiciona como un envoltorio elegante para tecnologías ajenas, aprovechando su base de usuarios y su estatus en el mercado para distribuir servicios de IA.
A pesar de las críticas por su aparente retraso en la carrera por la IA, esta táctica podría representar una victoria estratégica para Apple, que prioriza su papel como plataforma de distribución sobre la inversión directa en desarrollar modelos propios de IA. Sin embargo, esta estrategia también plantea la posibilidad de que Apple tarde o temprano busque recuperar la soberanía tecnológica, tal como lo hizo con los chips para iPhone y Mac, dependiendo del desarrollo y las exigencias del mercado de la IA en el futuro.
