El Sombrerero Loco de «Alicia en el País de las Maravillas» es conocido por su peculiaridad y excentricidad, simbolizada por su sombrero de copa con una etiqueta que dice 10/6. Sin embargo, el trasfondo de este personaje refleja una realidad oscura y menos conocida de la época. La expresión «loco como un sombrerero» no es simplemente literaria, sino que tiene raíces en diagnósticos médicos reales vinculados con la industria sombrerera históricamente afectada por los efectos neurológicos del mercurio. Durante los siglos XVII al XX, para convertir la piel de animales como conejos, liebres y castores en fieltro de calidad, se utilizaba un proceso con nitrato de mercurio llamado «carroting», el cual daba a las pieles un color naranja similar al de las zanahorias. La peligrosa exposición al mercurio se debía en gran parte a la falta de ventilación adecuada en los talleres, lo que resultaba en una inhalación crónica de vapores de mercurio por parte de los sombrereros, afectando directamente al sistema nervioso central.
Las consecuencias de tal exposición no se limitaban a excentricidades, sino que incluían síntomas graves como los temblores de Danbury, característicos espasmos musculares, y cambios de personalidad, como extremos de timidez, irritabilidad, depresión y labilidad emocional. Frente a esta alarmante situación, Francia se convirtió en pionera al prohibir el uso de mercurio en la fabricación de sombreros en 1898, una medida que otros países adoptaron más lentamente. En Estados Unidos, por ejemplo, la prohibición no llegó hasta 1941, influenciada no tanto por la preocupación sobre la salud de los obreros, sino por la necesidad de mercurio para fabricar detonadores durante la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de que Lewis Carroll, el autor de «Alicia en el País de las Maravillas», pudo haber estado al tanto de la expresión «loco como un sombrerero» y la situación de los sombrereros de su época, el perfil de su Sombrerero Loco diverge del cuadro clínico de intoxicación por mercurio, presentándolo más bien como un personaje hiperactivo, eufórico y amante de los acertijos, en lugar de los síntomas de timidez y depresión asociados normalmente con el eretismo mercurial.
