La inteligencia artificial (IA) y sus requerimientos energéticos están desafiando los planes de descarbonización global. A medida que países y regiones como China, Europa, y algunos estados de EE.UU. avanzaban hacia la energía renovable, los centros de datos emergieron con una demanda energética colosal, complicando así la transición energética verde. A finales de 2024, el consumo excesivo de estos centros empujó a las empresas tecnológicas a depender cada vez más de fuentes de energía inmediatas, tales como el gas y el carbón, e incluso consideraciones hacia la energía nuclear para satisfacer sus necesidades operativas.
Las petroleras, que históricamente han estado en declive debido a la transición verde, encontraron un nuevo mercado en los centros de datos. Empresas como BP y Shell, que habían empezado a invertir en renovables, comenzaron a reorientar sus estrategias hacia el petróleo y el gas ante la demanda creciente. Además, empresas de servicios energéticos como Baker Hughes, Halliburton, y SLB, han empezado a prestar sus conocimientos y tecnologías para apoyar la infraestructura de los centros de datos, ofreciendo desde turbinas hasta sistemas completos de generación de energía y logística, señalando un cambio estratégico en la industria.
La demanda de electricidad en EE.UU. proyectada para alimentar los centros de datos hacia 2030 es considerable, lo que plantea dudas sobre si las redes eléctricas convencionales podrán soportarla. Ante este panorama, las compañías de servicios energéticos juegan un papel crucial, al ofrecer soluciones que van más allá del suministro energético, incluyendo el mantenimiento y la eficiencia de la infraestructura necesaria para el correcto funcionamiento de los centros de datos. Esta transición no solo refleja un cambio hacia fuentes de energía más inmediatas y estables para sostener demandas tecnológicas crecientes sino también destaca el papel cambiante de la industria de combustibles fósiles hacia proveedores de infraestructura crítica para la tecnología de punta.
