El término «narcisismo», alguna vez relegado a los manuales clínicos y consultas de psiquiatría, se ha convertido en un diagnóstico popular y cotidiano, basta con una visita a TikTok para encontrar ejemplos de esto. Sandro Espinosa, psicólogo especializado en terapia focalizada en la emoción y trauma, observa cómo «ser narcisista» se ha convertido en una frase común, utilizada muchas veces como insulto o para describir comportamientos egoístas, desviándose muchísimo de su significado clínico que realmente refiere a la valoración que una persona tiene de su propia imagen o autoconcepto.
Este fenómeno de diagnosticar erróneamente a los demás o etiquetar comportamientos como «narcisismo» sin una base clínica, se ha acuñado como «meme psicológico», llevando a una distorsión y desviación del término original. La realidad es mucho más compleja que estas simplificaciones. Según Espinosa, la tendencia a etiquetar a otros como narcisistas ofrece un alivio inmediato a quien etiqueta, liberándolo de la autocrítica y concediéndole una moralidad intachable.
Además de los errores diagnósticos y conceptuales, subestima la prevalencia real y la complejidad del Trastorno de la Personalidad Narcisista (TPN), que afecta a un 1-2% de la población. La práctica de etiquetar erróneamente conlleva el riesgo de ignorar la humanidad de aquellos que realmente sufren el trastorno, quienes detrás de una fachada de grandiosidad ocultan una profunda fragilidad y dolor.
El diálogo social robusto evita la consideración de que detrás de cada comportamiento desagradable se esconde un trastorno psicológico. La realidad del narcisismo es mucho más matizada, con diferentes subtipos y capacidades para la empatía. En lugar de perpetuar estigmas, se propone una aproximación humanizada que reconozca tanto la dimensión narcisista inherente a todos como la posibilidad de cambio y sanación, tanto personal como interpersonal. Este enfoque se aleja del señalamiento directo y favorece una introspección más profunda y compasiva.
